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lunes, 24 de febrero de 2014

"Un pájaro con vuelos, un corazón hueco y sangre derramada". CAPÍTULO 4.

Finales de diciembre, en la universidad pública de la ciudad.

Todo es muy confuso a su alrededor. Los pensamientos brotan de un lado a otro por su mente. Alberto no sabe ni cómo sentirse. Ahora está con Mónica… sí. ¿Pero qué pasa con Verónica? Ella le gustaba y le hacía sentir bien y, a pesar de todo, se ha alejado de ella.

—  La presión de grupo es muy mala —pensó.

Sigue dándole vueltas a la cabeza sin prestar demasiada atención al proyecto de clase que está preparando. ¡Debería estar listo hacia las cuatro y tiene una comida familiar en media hora! Vuelve a la Tierra y abandona sus pensamientos por un momento. Cierra con fuerza el portátil y lo recoge todo de su mesa en la biblioteca de la universidad. Con gran agilidad y salvando los obstáculos a lo largo del campus, se dirige a la puerta de entrada, donde ha dejado aparcado su Audi plateado.
Rápidamente pone el coche en marcha y sale de la ciudad para volver al pueblo, donde le espera su familia, que ya están llamándole por teléfono para saber por qué llega tarde. Es su primo quien aparece en la pantalla de su móvil. Lo coge una vez que se encuentra en un semáforo en rojo con atasco.

    ¿Cuánto te queda, tío?
    A penas unos minutos. Lo siento, no puedo ir más rápido. Hay atasco y sabes que tenía lío en la uni.
    Vale, pero no tardes.

Cuelga el teléfono sin añadir despedida. Se pregunta si esta vez habrá llevado por fin su primo a su novia Isabel. Sabe que han tenido problemas pero confía en que por fin los hayan solventado. Si mal no recuerda, también es amiga de Verónica.

En ese mismo día, vacaciones de Navidad. 

Se acaba de levantar y ya oye como suena el tono de notificación de SMS en su móvil. Hace frío, pero por alguna razón a penas lo nota. Se siente plena, llena de ese algo que te inunda el corazón y te hace sonreír en las pequeñas cosas, ese algo llamado felicidad.
A penas han pasado unas semanas desde lo de Alberto, pero ni ha vuelto a tener noticias suyas ni siente la menor intriga. 
Se conecta al Messenger. Más ruiditos de notificación, aunque esos son distintos. Suenan más musicales, por lo menos para ella. Cada vez que oye uno, a su corazón le da un vuelco que deriva en una inmediata sonrisa. 

— ¡Es él! — piensa y hasta se le escapa un gritito de alegría.

Y, efectivamente, es él. Comienzan a hablar como cada mañana. De lo que les gusta, de lo que no... De tonterías.
Miguel le cuenta su vida, que vive con su padre y su perro.
Que le apasiona hacer locuras, sobre todo con su moto. Que es deejay y le encanta salir de fiesta por las discotecas más exclusivas de la zona y conocer gente.
Ella, la suya. Que le encantan los gatos, que sueña con encontrar al chico ideal aunque de momento haya perdido la esperanza, pintar cuadros al óleo y comer pipas cuando se aburre. 
Tienen cosas en común, bastantes. Y le encanta. Su forma de ser, su aspecto en mezcla de niño bueno y chico alocado con promesa de aventuras, y su manera de hacerla sentir bien a cada palabra.

Las conversaciones cada vez se iban extendiendo a más plataformas sociales... WhatsApp, Tuenti y Messenger eran los lugares preferidos de los dos jóvenes. 
Poco a poco y sin ella darse cuenta, se iba colgando más y más por Miguel. Pero de lo que sí se daba cuenta es que él se iba interesando cada vez más por ella.

Dentro de poco se conocerían y entonces, una vez más, para Verónica se acercaba lo que parecía ser el final asolador de aquella pequeña aventura.

viernes, 22 de marzo de 2013

Book Trailer de mi novela "Un pájaro con vuelos, un corazón hueco y sangre derramada".

Este es el Book Trailer de mi novela  "Un pájaro con vuelos, un corazón hueco y sangre derramada". 
Espero que os guste y sigáis la novela, que voy publicando por capítulos cada semana aquí mismo. 

                       

Gracias y no olvidéis suscribiros a mi canal de YouTube donde también publico mis IMM Vlogs.

jueves, 14 de marzo de 2013

Un pájaro con vuelos, un corazón hueco y sangre derramada. CAPÍTULO 3.

Una mañana de esos mismos días de diciembre. Casa de Verónica.

No ha vuelto a tener noticias de Alberto en los últimos días. Y quiere. Quiere saber qué ha pasado con él, con lo de aquel estado. Decide entrar en Tuenti, es temprano, pero da igual. Hoy no ha ido al instituto y tiene tiempo. Para su sorpresa, está conectado al Chat.
                    
─ Hola Alberto. ¿Cómo estás?
─ Hola Vero. Bien, ¿y tú?
─ Cansada, jaja ─intenta parecer alegre, pero no lo consigue ni por Internet. Su instinto no le predice nada bueno.
─ Y yo... Vero, te tengo que decir una cosa.
─ Dime ─suelta seca y expectante. El corazón se le acelera. Alberto no es de los de "tenemos que hablar".

Los "escribiendo" son largos, lentos, o por lo menos a ella se lo parecen. Quiere saber enseguida qué le quiere contar. Pero no, por otra parte no quiere. ¿Y si es malo? Seguro que lo es. No quiere saberlo... ¡Que pare! Se va a desconectar del Chat para evitar lo que se viene encima.

─ Tengo novia.

Y así, como un susurro en medio de alta mar, las palabras llegan a los ojos de Verónica, que contempla la frase una y otra vez, incrédula. 

Decide hacerse la dura, contestar rápido, como si no le afectara ni lo más mínimo lo que el muchacho le acaba de anunciar.

─ ¿Quién es la pobre afortunada? ─dice irónicamente.

Alberto no responde, se limita a poner tres puntos suspensivos que empiezan a cabrear más y más a la chica.
─ Mónica, ¿verdad? Ya te han comido el seso...
─ Nadie me ha comido nada, es mi decisión. 
─ Está bien. Adiós.

Pero no se conforma con eso. Ha jugado con ella y después la ha rechazado por una chica a la que a penas conoce. Está muy enfadada, con él, con ella, consigo misma...
¿Cómo ha podido ser tan tonta?
Entre tanto, un muchacho que bien aparentaría unos veinte años que ni conoce en persona, le habla como de costumbre con un saludo que ella encuentra adulador y hasta empalagoso, siempre igual. "Hola, perla." le dice acompañado de un icono muy feliz. Pasa de él nuevamente como cada día.

Se desconecta del Chat, ya que no quiere arriesgarse a que Alberto entre en detalles o que alguien, en su ignorancia, tome la fatal iniciativa de hablarle, y ella se vea obligada a soltarle algo borde. Pero no cierra sesión. Le envía a Alberto un par de mensajes privados malsonantes, llenos de insultos y críticas que ella encuentra muy constructivas. Sí, le ayudarán a ver que es un verdadero cabrón.
Pero al contrario de lo que ella pensaba, él le responde. Y le responde de la misma forma. Mensajes llenos de injurias que denotan un absoluto desprecio hacia todo su ser. No lo entiende, él no es así. En la conversación se le veía avergonzado, no colérico y despreciante como ahora. Da igual, entre sollozos y llantos descontrolados también cae en el juego de la ira y continúa con la conversación por mensajes privados.
Después de mantener una discusión extraña que por fin se da por acabada cuando se bloquean mutuamente, recibe otro mensaje de la hermana de él, Diana, que en otros tiempos habían sido amigas. Defiende que deje en paz a su hermano y a su cuñada. 
Este mensaje hurga más en la herida de Verónica. No lo soporta, los borra a los tres de las redes sociales. Sin darse cuenta, estas acaloradas discusiones ya habían ocupado la mayor parte de la tarde de ese día de diciembre.

Y al fin, cae la noche. Hora de pasear a su perro, Dastan. Se le hace raro que Alberto no esté ahí. Pero ya está, se ha acabado. No más noches a su lado cogidos del brazo alimentando ilusiones, ni esas otras tantas pensando en él. 
Se mete en casa, hace fresco, pero sin llegar a ser tan desagradable como el frío invernal de otras veces. Sube a la terraza a dejar al perro. Juguetea un momento con él y una pelota de tenis. Es allí donde se despeja en abundantes ocasiones del mundo que la rodea, oprime y entristece. 
Se está bastante bien. Ha parado de llorar desde las ocho de la tarde que se ha cansado y ha pasado a ser únicamente enfado acompañado por pasotismo. Mira por una de las ventanas al norte. Sopla el viento, no es nada cálido, se tapa con el abrigo fuertemente y mira al horizonte.

─ Pues vaya mierda de día... ─susurra para sí en la oscuridad.

No quiere saber nada más de él. Ni de ella. Ni de sus supuestos amigos. De nadie. 

Entonces, continuando asomada a la ventana, perdida en la melancolía, jura que jamás volverá a tener nada que ver con ese universitario cabrón de veintidós años.
Al mismo tiempo y casi acompañando el compás de su voz, suena el sonido de un nuevo mensaje de Chat. ¿Se ha dejado el Tuenti conectado en el móvil? Sí, tiene un mensaje, ¿de quién será? Cree oportuno desconectarse, sea quien sea, pero por alguna extraña razón no lo hace.
Y otra vez. Es Miguel. El muchacho que acostumbra a hablarle casi cada día casi a la misma hora y que, simplemente, resulta irritante.

─ Hola, perla. 

Qué coincidencia. Pensándolo bien nunca se ha parado a ver sus fotos detenidamente. ¿Es un muchacho de unos veinte años de pelo castaño y ojos azules, no? 

Se entretiene en el quicio de la ventana con el móvil mirando las fotos de aquel chico que ni conoce en persona. 

Es guapo, no está mal. Parece un poco bajito ahora que lo mira estando más interesada. Y no aparenta tanto, con esa estatura, tiene más bien cara de niño. 

─ Hola, guapo. ─ Responde acompañando también la frase con una carita amarilla feliz.

Y, junto a la ventana en un día de diciembre, hablaba con Miguel y, gustándole, gritó de tal manera que le debió oír hasta la población de las Islas Canarias:

─ ¡Al universo pongo por testigo que Miguel Carrasco será mi próximo amor!

viernes, 1 de marzo de 2013

Un pájaro con vuelos, un corazón hueco y sangre derramada. CAPÍTULO 2.

Una noche de mediados de diciembre, días después. Casa de Isabel, amiga del instituto de Verónica.

Está pensativa, revisa el Tuenti y el Facebook de Alberto con impaciencia. Un estado muy raro, como si le hubiera pasado algo. O por lo menos eso parecía al poner "momentos mágicos con ella" en su muro. No lo tiene muy claro, ¿se refiere a ella? No... No puede ser. Duda por un instante, ¿le habla?, ¿le deja un mensaje privado preguntando por aquella extraña publicación?

─ Hazlo. Tienes derecho a saber si está con alguien o bien lo dice por ti y se ha dado cuenta de que te quiere. 
─ No. No tengo el menor derecho a reclamarle nada. Me lo dejó muy claro, sólo amigos. 
─ Está bien, como quieras. Yo le diría algo en tu lugar. 

Isabel siente lástima por su amiga y compañera, son uña y carne, y si pasa algo, se tienen la una a la otra para contarse las cosas y ver las posibles soluciones. ¿Y si habla ella con aquel individuo? No es mala idea, le mandará un mensaje escueto para que no se note que no es Verónica. 
"Hola, Alberto. Quería preguntarte por ese estado que hace poco has puesto, ¿va por alguien en particular?"
Ya está, con eso vale. Para cuando vea el mensaje que su amiga ha enviado en su nombre, dará igual. Además, le vendrá bien aclarar las cosas con ese muchacho que en su opinión, es un buen partido para ella.

Una mañana de varios días después, mismo mes de diciembre.

─ Verónica, levanta. Verónica... ¡arriba! 

Su madre le grita. Como odia los lunes... Se despierta somnolienta, cansada y aturdida. Anoche se fue de fiesta con sus amigos del pueblo y está realmente agotada, además del pequeño percance de los días anteriores. Alberto estuvo hablando con ella. Le puso los puntos sobre las ies. Son amigos y siempre lo serán, nada más. Si bien es cierto que él parece tener cierto interés por ella, se deja llevar por sus "amigos", chicos y chicas menores que él con los que sale y no son precisamente partidarios de que ella esté cerca de él. ¡Bah! ¿Y qué? Que se joda. Le ha dicho que no debe meterse en sus asuntos. Que son sus cosas. ¡Que le den! 
Tal vez se dé cuenta de que lo que hace es una tontería, tal vez recapacite, aunque sea un poco. 

Pero no, tres días después se daría cuenta. La cosa no iba a ir a menos, sino que iba a aumentar y mucho. 


Mes de enero. En el instituto, Verónica se distrae en el recreo con su amiga, y le cuenta su problema.

─ Entonces, ¿vas a quedar con Miguel? ─pregunta su amiga intrigada.
─ Sí, pero necesito tu ayuda. Por favor, mis padres no me dejarán quedar con él. Además, es horario de estudio en día de semana, ¡ni contigo me dejarían sino fuera por un trabajo!
─ ¿Y qué piensas hacer? ¿Escaparte? ─dice en un rebote.
─ Mmm... No. Simplemente me voy a tu casa a hacer el trabajo ese de música que nos han mandado. Si tú quieres, claro.
─ No sé, Vero, no lo veo... ¿Y si te pasa algo? Nadie sabrá dónde estás. No me fío de ese chico ni de su moto roja.
Isa realmente está inquietada. Verónica es su amiga desde hace tres años y teme que le pueda pasar algo al estar tan cerca del "fantástico deejay de ojos azules". Desde que han empezado a hablar por Internet prácticamente ha olvidado el incidente surgido con Alberto, pero lo preocupante es que ese tema se ha sustituído por lo genial que es Miguel y por el descorazonador secreto que esconde. 

─ Por favor, hazlo por mí. Es buen chico y, aunque hace poco que le conozco, me gusta mucho. Llevo hablando con él por Messenger más de dos semanas y es estupendo, muy peculiar.
─ Yo más bien diría "extraño" o "inquietante".
─ Venga... ¿A que quieres verme feliz? ─repite suplicante una vez más.

─ OK, que tu madre te deje en mi casa a eso de las cuatro y ya te vas cuando quieras. Por mis padres no hay problema. 
─ ¡Muchas gracias! Te lo recompensaré, aquí para lo que necesites estoy.

Un abrazo de amigas tras otro. Lo había conseguido. Iba a tener el primer encuentro con un muchacho que, sin saberlo, la marcaría de por vida.

viernes, 15 de febrero de 2013

Un pájaro con vuelos, un corazón hueco y sangre derramada. CAPÍTULO 1.

Un día de la primera semana de enero, delante de un ordenador portátil. 

─ Tengo muchas ganas de verte.
─  Y me verás.
─ Joder, parece que queda una eternidad.
─ Sólo cuatro horas, no te desesperes. Ponte bien guapa, eh. Quiero que sea especial. 
─ Lo será. Me voy a dormir un rato, luego nos vemos. 
─ Adiós, perla. Te quiero.
─ Adiós, te quiero. 

Un mes atrás, en un parque cercano al ayuntamiento del pueblo.

Hace un frío que pela, ya caída la noche de invierno de primeros de diciembre, no quedan ni pájaros y a penas camina gente por las calles. Y quien lo hace, seguro es por algo urgente del trabajo o necesitan hacer algún recado. Acurrucados en un banco están un chico y una chica, de edades cercanas y que bien pasarían por una pareja de enamorados que disfrutan del calor mutuo en la noche invernal. 
Ella se siente bien, alegre, de estar allí con él. Lleva tiempo esperando un momento como ese. Él ha ido a buscarla a su casa para dar un paseo por el pueblo sin mayores intenciones que charlar a solas. 

─ Me encanta estar aquí contigo, Alberto, ¿sabes?
─ Lo sé, y a mí. Pero no quiero que pienses que por estar así las cosas sean diferentes... ¿comprendes?
─ Sí, lo comprendo.
¿Por qué me dice eso? ¿En qué coño piensa este tío? Estos encuentros dejan ver que le gusto. ¿Por qué lo niega? Y si yo me equivoco y no siente nada, ¿por qué quiere pasar tantos ratos como este los dos juntos?

─ ¿Te has enterado de que a Mónica le gustas? ─dice ella.
─ Sí, ¿y tú cómo lo sabes?
─ Me lo han contado por ahí. ¿A ti te interesa?
─ ¡Qué va! En serio, esa chica es insoportable, mis amigos quieren que esté con ella. Ya sabes, una relación estable para un chico perdido. Pero no me convence, ni es muy agraciada ni muy lista tampoco...

Lleva razón, Mónica no es muy guapa que digamos, hasta está algo rellena y no saca las mejores notas. 

─ Jaja. Te entiendo. 
─ Nosotros estamos bien, ¿no te parece? 
─ Claro, nosotros.
Nosotros... Qué bien suena, ojalá.

Suena una canción dentro del pantalón vaquero de Verónica, se apresura a cogerlo pero a penas suena un trozo del principio de la canción "Ti amo" de Azuro y Elly. 

─ Era mi madre, debo volver. Ya es tarde. 
─ Está bien, te acompaño a casa.

Alberto y Verónica caminan por las calles en dirección a la casa de ella, que está a un par de manzanas.

─ Mañana te llamaré. Buenas noches ─dice él con una sonrisa.
─ Está bien, esperaré esa llamada. Buenas noches. 

Alberto se aleja entre la penumbra nocturna a paso ligero. Ella le contempla, expectante, con las llaves de su casa en las manos, esperando, a que su vista ya no alcance a ver su silueta. 
Aunque, por desgracia, no tardaría en no volver a verle.





lunes, 11 de febrero de 2013

Un pájaro con vuelos, un corazón hueco y sangre derramada. SINOPSIS.

Como os prometí, aquí está la sorpresa del blog: ¡VUELVE LA NOVELA "UN PÁJARO CON VUELOS, UN CORAZÓN HUECO Y SANGRE DERRAMADA"!
Como sabéis, dejé la novela aparcada e hice un comunicado de por qué eliminé los capítulos publicados y, así mismo, la sinopsis. No fue por propia voluntad y, ahora que puedo, la vuelvo a publicar y espero que os guste. Así que, para comenzar, aquí tenéis la sinopsis tal cual:

"Un pájaro con vuelos, un corazón hueco y sangre derramada" es la historia de Verónica, una chica de a penas diecisiete años que está enamorada de Alberto, un universitario de veintidós años al que admira y es su amor platónico.
La historia cambia cuando tras varios meses de estar en la cuerda floja para acabar juntos, él se marcha con otra. Verónica decide dar un vuelco a su vida y se fijará en Miguel, un muchacho de diecinueve años que muestra un gran interés por ella.
Sin a penas pasar el tiempo, se encontrará indecisa cuando Alberto vuelva en su busca.
(Obra basada en hechos reales)



viernes, 14 de septiembre de 2012

Un pájaro con vuelos, un corazón hueco y sangre derramada. SINOPSIS.

Como os prometí, aquí está la sorpresa del blog: ¡VUELVE LA NOVELA "UN PÁJARO CON VUELOS, UN CORAZÓN HUECO Y SANGRE DERRAMADA"!
Como sabéis, dejé la novela aparcada e hice un comunicado de por qué eliminé los capítulos publicados y, así mismo, la sinopsis. No fue por propia voluntad y, ahora que puedo, la vuelvo a publicar y espero que os guste. Así que, para comenzar, aquí tenéis la sinopsis tal cual:

"Un pájaro con vuelos, un corazón hueco y sangre derramada" es la historia de Verónica, una chica de a penas diecisiete años que está enamorada de Alberto, un universitario de veintidós años al que admira y es su amor platónico.
La historia cambia cuando tras varios meses de estar en la cuerda floja para acabar juntos, él se marcha con otra. Verónica decide dar un vuelco a su vida y se fijará en Miguel, un muchacho de diecinueve años que muestra un gran interés por ella.
Sin a penas pasar el tiempo, se encontrará indecisa cuando Alberto vuelva en su busca.